1Corto el tomate en trozos irregulares, le añado sal y lo dejo reposar durante 15 minutos. ¿El motivo? La ósmosis: la sal hace que el tomate libere parte de su agua y, con ella, todo ese jugo lleno de sabor.
2Recojo todo ese jugo, lo meto en un botecito y añado un buen chorro de aceite de oliva virgen extra y un par de trozos de bonito embotado en casa.
3Lo trituro bien hasta conseguir una emulsión cremosa y llena de sabor y se la echo por encima al tomate.